El 18 de febrero celebramos en Renacer Madrid una reunión, moderada por Rosalía, madre de María, y Luna, madre de Alan, dedicada a volver a lo esencial. Fue una sesión centrada en el mensaje de Renacer y los fundamentos y esencia que reflejaron Gustavo Berti y Alicia Schneider en su libro “Donde la palabra calla: Reflexiones sobre la muerte de un hijo. Un camino de transformación interior”.
Reunión para presentar a los padres y madres que se acercan al grupo que es lo que sostiene de verdad nuestro caminar como madres y padres que enfrentan la muerte de sus hijos.
Comenzamos escuchando “Color Esperanza”. La canción no fue un simple acompañamiento musical. Cada uno puso atención en la letra, dejando que las palabras tocaran zonas distintas de la propia experiencia. Fue una forma sencilla y directa de disponernos interiormente: abrir un espacio para sentir antes de pensar.
La reunión fue presidida por un ejemplar del libro de los Berti. El título del libro ya contiene una pregunta profunda: ¿qué palabras alcanzan ante la muerte de una hija o un hijo? Cuando el lenguaje parece insuficiente, lo que permanece es la presencia y el sentido que decidimos dar a lo vivido. Y desde esa reflexión arrancamos nuestro trabajo como grupo.
Tras la lectura del texto central (que os dejamos en el anterior post), trabajamos las preguntas de reflexión. Emergieron ideas que expresan con nitidez el momento vital en el que nos encontramos.
¿Qué parte del mensaje resuena hoy más conmigo?
Apareció con fuerza la posibilidad de transformación. Se habló de esa evolución que, con tiempo y trabajo interior, puede convertir la herida en una “dulce nostalgia”: una memoria que duele, pero que ya no paraliza. Algunas madres y padres expresaron con claridad que no desean convertir a sus hijos en verdugos involuntarios de su alegría. No quieren que su recuerdo quede asociado exclusivamente al sufrimiento, ni que se transforme en una sentencia permanente contra la vida. Surgió también una reflexión importante: si nos quedamos anclados en el “por qué”, habitamos el territorio del antes y el después como prisioneros de algo que no puede modificarse; cuando comenzamos a preguntarnos “para qué”, aparece un margen de libertad interior que nos devuelve capacidad de elección.
Se señaló la importancia del grupo como lugar seguro. Como el sitio que nos sostiene. Como lo hace el abrazo de una madre. Todos coincidimos en que los abrazos en Renacer son únicos.
Que nos dice el mensaje de Renacer:
- Una hija o un hijo que parte es una pérdida que se transforma, con el tiempo y el trabajo realizado, en una “dulce nostalgia”.
- No quiero convertir a mi hijo que partió en mi verdugo, en alguien que mata mi alegría y mi capacidad de amar y vivir.
- No puede ser que mi hijo sea mensajero de dolor.
- Yo decido hasta dónde sufro, y cuál es mi manera de sufrir.
- Si yo me atengo al “por qué”, voy a trabajar en la categoría del antes y el después, soy prisionera de un pasado que no puedo cambiar. Si me pregunto “para qué”, estoy diciéndome: “soy libre para elegir”.
¿Qué me cuesta más del camino que propone Renacer?
La dificultad de asumir responsabilidad personal. Reconocer que seguimos aquí porque la vida aún espera algo de nosotros no es sencillo. La muerte de una hija o un hijo marca un antes y un después indiscutible, pero el modo en que se configure ese después no está completamente determinado. Permanecer únicamente en el dolor puede convertirse en un estado permanente si no hay una decisión consciente de avanzar. Esa toma de conciencia, lejos de culpabilizar, invita a recuperar poder interior.
Qué nos dice el mensaje de Renacer:
- Si estamos de este lado de la vida es porque la vida aún espera mucho de nosotros.
- La muerte de una hija o un hijo es un hito fundamental en nuestra vida, marca un antes y un después, yo elijo cómo será ese “después”.
- Si yo elijo quedarme solo en el dolor que siento, puedo quedarme así eternamente, es mi elección.
¿Qué quiero cuidar dentro de mí?
El grupo señaló el Amor Incondicional como núcleo irrenunciable. Un amor que no depende de la presencia física para existir, crecer y expandirse. Cuidar ese amor significa permitir que se exprese hacia los hijos e hijas que permanecen, hacia la pareja, hacia la familia, y también hacia otras madres y padres que atraviesan la misma experiencia. Apareció además la idea de transformación existencial: que la muerte de un hijo merece algo más que quedarse en el sufrimiento; merece una modificación profunda de nuestra manera de vivir, una reorientación de prioridades y valores. Varias intervenciones subrayaron que ayudar a otro padre o madre sostiene una paz interior concreta, no idealizada, que nace de sentirse útil y conectado.
Qué nos dice el mensaje de Renacer:
- El Amor Incondicional, el que sentimos por nuestros hijos, el que no necesita la presencia ni el contacto físico para ser, crecer y expandirse, manifestándose a los seres queridos que nos quedan y a la vida en todas sus necesidades.
- La transformación existencial, porque un hijo que muere merece algo más que un duelo, merece una transformación interior, una modificación radical de nuestra existencia.
- La ayuda a otra madre, a otro padre que sufre, nos mantiene en un estado de paz interior.
¿Cómo puedo honrar a mi hijo/a dentro de Renacer?
La respuesta se centró en la actitud. Que la marca que dejaron no sea solo dolor, sino amor activo. Se recordó que mientras estaban vivos renunciamos a muchas cosas por ellos; ahora la renuncia puede ser distinta: renunciar a instalarnos en el sufrimiento permanente por amor a ellos y a quienes continúan a nuestro lado. Esta idea, exigente y profunda, invita a revisar continuamente la postura desde la que participamos en el grupo.
Qué nos dice el mensaje de Renacer:
- Eligiendo la actitud que asumo ante otro papá, otra mamá que sufre.
- Que esa marca que nos dejó nuestro hijo, nuestra hija, no se a una marca de dolor, sea una marca de Amor.
- La máxima renuncia que un padre, que una madre, puede hacer en beneficio de los hijos, los que quedan y los que partieron, es renunciar al dolor por amor. Siempre renunciamos a muchas cosas cuando nuestro hijo estaba vivo, entonces… cuando un hijo muere ¿no renunciamos a nada más?
¿Qué quiero ofrecer a otros padres?
Surgió una conciencia clara de comunidad. Cuando acudimos a una reunión no estamos solo para recibir; también sostenemos el espacio para quien llega por primera vez. Cuidar al otro, elegir una actitud adecuada, ejercitar una compasión que no se queda en la emoción sino que se traduce en presencia firme. Trascender implica, en ocasiones, salir momentáneamente del propio dolor para acompañar al que está más desbordado. Ese movimiento no niega lo propio; lo amplía.
Qué nos dice el mensaje de Renacer:
- Cuando voy a un grupo tengo que cuidar al otro más que a mí porque si ese otro papá o mamá no viene más, me quedo sin grupo. Eso es trascender, salir de mi misma para preocuparme por otro papá que sufre, salir de mi dolor.
- Hay que elegir una actitud adecuada para ayudar a otra madre, a otro padre, no puedo ir a ayudar llorando. Este tipo de compasión se adquiere ejercitándola.
CONCLUSIÓN: “… porque, después de todo, no somos lo que recibimos de la vida sino lo que devolvemos a ella; y hemos decidido devolver una obra de amor, porque en ella está el recuerdo y la memoria de nuestros hijos e hijas, los que partieron y los que aún están.”
