Ghostlight

Ghostlight es una película pequeña en apariencia y enorme en resonancia emocional. Dirigida por Kelly O’Sullivan y Alex Thompson, nos sitúa en un taller de teatro amateur donde un hombre, atravesado por una pérdida que no sabe nombrar, acaba encontrando en Shakespeare un lenguaje para lo que no tiene palabras.

No es una historia sobre “superar”, sino sobre sostener. Sobre cómo el dolor busca cauces simbólicos para poder decirse sin rompernos. El escenario se convierte en espacio seguro, el texto clásico en espejo, y el grupo en una comunidad que acoge sin invadir.

Ghostlight habla de duelo, de paternidad, de culpa, de amor, y de la posibilidad de que el arte nos ofrezca una forma de respiración cuando la vida se vuelve demasiado densa. Una película delicada, honesta, sin sentimentalismo, que acompaña más de lo que explica. Justo ahí reside su fuerza.