La naturaleza que nos conecta: Pérdida, vínculo y presencia en Renacer Madrid

Encuentro grupal de Renacer Madrid sobre duelo y naturaleza. Un espacio de reflexión compartida para madres y padres que han perdido un hijo o hija.

Entramos al bosque como quien entra en casa propia: con mimo y con una familiaridad que no necesita palabras.

Este gesto fue el hilo que nos unió durante la última reunión: cerrar los ojos, respirar y reconocer que ahí, entre hojas y raíces, hay una presencia que nos sostiene y nos hace recordar.

Una reunión en la que hablamos en plural porque el dolor que traemos se sabe colectivo aunque sea íntimo. Nos dimos permiso para decir lo que la ciudad no escucha: que hay hijos e hijas en cada árbol, en cada surco de la tierra, en el olor a menta que se queda pegado a la lengua. Compartimos recuerdos sencillos —un picnic, un día de lluvia, unas manos pequeñas manchadas de barro— y vimos cómo esos fragmentos se agrandan cuando los sostenemos juntos.

La actividad empezó con una meditación que nos invitó a convertirnos en paisaje: ser viento que atraviesa, ser raíz que acoge, ser agua que no borra pero limpia. Fue un gesto ritual, breve pero preciso; un modo de convertir la ausencia en algo que cambia de forma, sin perder su intensidad. Y esa meditación nos acarició con música. Con una rumba que fue un regalo, que fue una señal. “Ahora” de Pep Lladó.

A partir de ahí, el trabajo en parejas nos llevó a buscar elementos —una piedra, una hoja, un hilo— que nos vinculan con la presencia de nuestros hijos e hijas. Compartir ese objeto con otra persona fue como dejar un rastro luminoso en la memoria. Eso es Renacer, memoria colectiva. Ser parte de un todo.

Los padres y las madres construimos reflexiones que no olvidamos: una madre dijo que al tocar la corteza de un pino sentía la geografía de su hijo; otro padre contó que caminar descalzo le devolvía una calma que no alcanzaba en casa. Una participante guardó silencio y escribió: “Lo encuentro en la sal del mar y en el barro que moldea”. Esas frases, dichas en voz baja, fueron el centro de la jornada.

No se trató solo de emoción; encontramos respuesta a  preguntas a través de la naturaleza y la ayuda que nos proporciona especialmente en este camino de integración de la pérdida de nuestros hijos e hijas. En los materiales compartidos explicamos cómo los bosques ofrecen más que paisaje: contienen sonidos, aceites y microorganismos que sanan cuerpo y mente, y la ciencia empieza a decirlo con palabras que confirman lo que ya intuíamos. En el encuentro reflexionamos sobre esos datos sin tecnicismo, usándolos como una lámpara que alumbra la experiencia más que como algo cuantificable o medible científicamente.

Propusimos prácticas sencillas para traer la naturaleza a lo cotidiano: caminar con atención, oler la tierra después de la lluvia, elegir un rincón en el que sentarnos cada semana y observar sin obligación. Hablamos también de baños de bosque —paseos que no buscan esfuerzo sino presencia— y de cómo la permanencia en espacios verdes repone la energía, mejora la atención y reduce la tensión que el duelo intensifica. Esos baños de bosque serán la segunda parte de esta reunión que tendrá una sesión práctica en plena naturaleza. 

Mientras llegan esos ejercicios prácticos en esta sesión entre paredes pudimos compartir prácticas que intentaremos incluir en nuestra rutinas diarias: elegir un elemento natural que nos recuerde a la persona ausente y llevarlo con nosotros en el bolso; pintar un fragmento del paisaje que nos resultó tranquilizador; acordar con alguien de confianza una caminata mensual para recordar y celebrar. Fueron propuestas hechas con tacto: ninguna promesa grandilocuente, solo formas pequeñas de sostener.

También nos detuvimos en la relación entre cuerpo y naturaleza. Unas manos llenas de tierra como medicina: tocar, remover, ensuciarse son actos que reactivan una memoria primaria. Otra reflexión importante fue la del lenguaje: nombrar la experiencia con sencillez —“aquí me conecto”, “aquí lo encuentro”— nos habilita para volver.

Cerramos la reunión prometiendo que el próximo baño de bosque será una cita para seguir juntando palabras y silencios. Nos fuimos con la certeza de que la naturaleza no borra la pérdida, pero la acomoda en otra forma; nos deja un latido compartido que podemos visitar.

Este post quiere ser una invitación y una cartografía: un mapa de pequeñas prácticas para quienes buscan acompañamiento tras la pérdida de un hijo o una hija, y desean integrar la naturaleza como espacio de vínculo, presencia y sostén emocional. No damos recetas milagrosas, ofrecemos rituales humildes: la respiración compartida, el objeto que nos acerca, la caminata que recuerda.

Seguiremos encontrándonos cada miércoles, trayendo las reflexiones que nacen de nosotros: las historias que nos dieron calma, las preguntas que aún no tienen respuesta, los gestos de cuidado que aprendemos juntos. En Renacer Madrid entendemos el duelo como un proceso relacional y vivo, que necesita espacios seguros, tiempos propios y una escucha respetuosa. Porque si algo quedó claro en la reunión, es que la naturaleza nos conecta —nos recuerda quiénes fuimos con ellos y quiénes queremos ser ahora— y que ese recuerdo, cuando lo compartimos, se vuelve menos pesado y más verdadero.

Renacer Madrid es un grupo de ayuda mutua de madres y padres que enfrentan la pérdida de un hijo o hija. Organizamos encuentros presenciales y espacios de reflexión donde el vínculo, la palabra y la experiencia compartida ocupan un lugar central.

Si deseas conocer nuestras próximas actividades puedes consultar nuestras formas de contacto en nuestra web.