Nuestra última reunión del grupo Renacer Madrid, giro en torno al texto aportado por Susan, mamá de Jon, que os dejamos al final del post. El texto abrió una conversación profunda y muy diversa. No todos vivimos este camino del mismo modo, pero sí apareció una idea común: el sufrimiento intenso de los primeros tiempos no permanece siempre igual.
Muchos padres y madres compartimos que el dolor cambia de forma. No desaparece la ausencia, pero sí puede transformarse la manera de convivir con ella.
Hablamos de cómo, al principio, la vida queda detenida. Todo parece dividido entre el antes y el después.
Varios padres expresamos que durante mucho tiempo sentimos culpa al reír, al volver a disfrutar de algo cotidiano o incluso al pensar en el futuro. Como si avanzar pudiera interpretarse como dejar atrás a nuestros hijos. Sin embargo, también surgió con fuerza la idea de que seguir viviendo no significa olvidar. Que el amor no depende del sufrimiento permanente.
Se compartió el miedo a “soltar el dolor”. Algunas madres y padres reconocimos que durante años el dolor había sido casi el único lugar donde seguíamos sintiendo cerca a nuestro hijo o hija. Y apareció una reflexión muy importante: quizá no soltamos a nuestros hijos cuando dejamos de sufrir de una manera devastadora; quizá lo que soltamos es únicamente una parte del peso que nos impide vivir.
La expresión “dulce nostalgia” resonó especialmente en muchos testimonios. Padres y madres hablamos de momentos concretos: escuchar una canción y sonreír antes de llorar, recordar una frase divertida, cocinar algo que les gustaba, mirar fotografías sin sentir únicamente desgarro.
Hablamos de una nostalgia distinta, menos asociada a la herida abierta y más cercana a una ternura serena que aparece por instantes.
También hubo espacio para quienes todavía no podemos imaginar ese lugar. Algunas personas expresamos que seguimos viviendo en una etapa donde el dolor ocupa casi todo el espacio y donde hablar de esperanza aún resulta lejano. Y eso también fue acogido con respeto. Porque cada proceso tiene su ritmo y no todos transitamos los mismos tiempos.
La espiritualidad apareció de maneras muy diferentes. Unos hablamos de señales, intuiciones o sensaciones de presencia. Otros compartieron que su camino no pasa por lo espiritual sino por pequeños actos cotidianos: ayudar a otros, acompañar en Renacer, cuidar de la familia o recuperar espacios personales poco a poco. Pero, desde lugares distintos, muchos coincidimos en algo: la necesidad de encontrar sentido para seguir caminando.
Debatimos también sobre la idea de transformación. De cómo experiencias tan duras pueden despertar una mirada diferente sobre la vida, las relaciones y el tiempo. Ahora valoramos más lo sencillo, vivimos con más conciencia del presente y hemos aprendido a mirar el sufrimiento ajeno con otra profundidad.
Y quizá una de las ideas más repetidas fue esta: nuestros hijos siguen formando parte de nuestra vida. No únicamente desde el día de su partida, sino también desde todo lo que dejaron en nosotros, en nuestra forma de amar, de mirar y de acompañar a otros padres y madres.
La reunión terminó recordando el mensaje que tantas veces aparece en Renacer: seguir adelante es trascender la pérdida, transformando el dolor en amor. Aprender a caminar integrando su pérdida y convirtiéndola en un homenaje constante de memoria colectiva al servicio del grupo.
A continuación os dejamos el texto compartido por nuestra compañera Susan:
El camino a la Dulce Nostalgia: una alternativa al sufrimiento
La partida de nuestros hijos nos ha reunido en Renacer donde juntos estamos recorriendo este difícil camino para sobreponernos a su ausencia física. Algunos llevamos este camino ya muy avanzado, otros están a mitad de camino, mientras que otros están dando sus primeros pasos.
LA ESPERANZA
Nuestros hijos nacieron con un mensaje de esperanza. Son esperanza desde el momento que son concebidos, por eso decimos “la dulce espera”. Son esperanza de que tengan buena salud, luego esperamos su gateo, sus primeros pasos, su primera palabra, … Van a la escuela, crecen, y aun siendo mayores seguimos albergando como padres la esperanza de que tengan un hogar feliz, buenos hijos, un buen ambiente en la familia y en el trabajo, que progresen, es decir, los hijos son esperanza. Hasta un aciago día en el que la vida nos enfrenta a que esa esperanza se quiebra.
AFRONTAR EL CAMBIO
Y de la noche a la mañana nuestra vida sufre un brutal cambio. Aunque deseáramos que el tiempo permaneciera quieto, inmóvil, reteniendo así aquello que vivimos con tanta alegría, la vida al lado de nuestros hijos, sabemos que es imposible. La vida es cambio. En ese momento nos enfrentamos al dolor de la pérdida y el trabajo del duelo, que puede durar más o menos, cada caso es distinto, pero no necesariamente ha de durar siempre. ¿Se puede superar el dolor? Esta es una decisión personal de cada padre y madre. Podemos preguntarnos: ¿Quiero quedarme anclado en el sufrimiento y el dolor o quiero poco a poco ir avanzando, atravesando este dolor para transformarlo en amor, un amor incondicional hacia mi hijo? Hay diferencias de opinión, pero si nos fijamos en los sinónimos de la palabra ‘superación’ en el diccionario de la RAE nos encontramos con: avance, remontada, mejora, progresión, evolución, definiendo la ‘superación’ como una ‘actitud proactiva que combina esfuerzo y determinación para superar una situación crítica o alcanzar un estado de mayor plenitud’. Visto así, parece que sí se puede superar el duelo por nuestros hijos.
SOLTAR EL DOLOR
Nuestros hijos no están en el pasado, no están en aquel día fatídico en que se fueron de nuestro lado independientemente de la causa. No nos quedemos en los ‘por qué’ y los ‘y sí ‘. Lo que nos ha pasado ya no se puede cambiar. Quedémonos en el ‘para qué’ me ha pasado esto, preguntándonos: ¿Qué puedo hacer yo ahora con mi vida? El mensaje de Renacer nos da fuerza, nos da vitalidad y ganas de seguir viviendo, luchando y honrando a nuestros hijos. No convirtamos nuestros hijos en nuestros verdugos sino en nuestros maestros.
A veces surge la duda de que, si suelto el dolor, ¿será que estoy soltando a mi hijo? Pero cómo podemos soltarles si nuestros hijos viven en nuestros corazones y en nuestros recuerdos y su energía, su alma, nos acompaña. Están y estarán siempre con nosotros.
LA ESPIRITUALIDAD
Muchas veces la pérdida de un hijo va acompañada de un despertar espiritual, un precioso regalo que nos dejan. Ahondar en el camino de la espiritualidad, buscando el sentido de la vida, de la muerte y del Amor nos puede aportar respuestas ayudándonos a comprender la marcha de nuestros hijos y aportándonos paz y calma. Podemos llegar a sentir la energía de nuestros hijos muy cerca, y abriendo nuestra mente nos pueden llegar muchas señales. Incluso podemos aprender a conectar directamente con ellos, con su energía, utilizando diferentes recursos como, por ejemplo, el péndulo.
LA DULCE NOSTALGIA
Al dejar de vivir en el pasado y en el dolor vuelve a surgir una nueva esperanza. De la misma manera que nuestros hijos fueron, en su momento, causa de “la dulce espera” hoy son generadores de “una dulce nostalgia”. La dulce y amorosa nostalgia que nos hace detenernos un instante en el camino emprendido con tanto esfuerzo, desde su partida, para sentir, momentáneamente, una emoción o una tristeza pasajera que puede acrecentar la ausencia. Pero sepamos que son solo momentos, y no significa que hemos retrocedido en nuestro empeño en vivir la vida de la mejor manera posible. Incluso podemos experimentar una emoción de ternura y calma al revivir ese recuerdo especial con nuestro hijo que nos evoca una sonrisa. En cualquier caso, tengamos presente el mensaje de Renacer. Demos lo mejor de nosotros mismos para ayudar a otros padres y madres y aportar a la sociedad, diciendo bien alto
SÍ A LA VIDA A PESAR DE TODO en honor a nuestros hijos.
Preguntas:
- ¿Crees que es posible un camino alternativo al sufrimiento?
- ¿Crees que se puede soltar el dolor y superar el duelo?
- ¿Te resuena o sientes la dulce nostalgia?
- ¿Qué cambios o aspectos incorporarías en tu vida para llegar a la dulce nostalgia?
Nota: Este escrito se ha inspirado en textos publicados en la web de Renacer Argentina además de la ‘propia cosecha’ de la autora.
