Basado en “La Sociedad Paliativa”. Byung-Chul Han.
La sociedad postmoderna es una sociedad que huye del dolor porque, según opinión generalizada, “el dolor no tiene sentido, no sirve para nada y es necesario anularlo”. No obstante, las personas que se creen a salvo del dolor y/o del sufrimiento sólo es cuestión de tiempo que lleguen a conocer el dolor, ya que éste no se puede expulsar de la vida.
Hoy impera en todas partes una “algofobia”, término derivado del griego algos (dolor) y phobos (miedo), un “miedo generalizado al sufrimiento”. Es lo que Byung-Chul-Han denomina “sociedad paliativa”.
Hubo otros tiempos, en sociedades “disciplinarias[1]” de siglos pasados, en los que la narrativa cristiana hacía que el dolor permitiese una mayor cercanía a Dios y en las que dicho dolor tenía un valor formativo, incluso tenía valor de redención.
En las sociedades actuales neoliberales, profundamente hedonistas, “el cuerpo, que se gusta y se disfruta a sí mismo sin orientarse de ninguna manera hacia un fin superior, desarrolla rechazo hacia el dolor”; y se impone la obligación de ser feliz. Estar instalados en el hedonismo y el placer nos hace mucho más temerosos de la muerte y evitar la reflexión sobre ella, de tal modo que “seremos demasiado vitales para morir y demasiado muertos para vivir”.
El dolor como una premonición de la muerte, es rechazado, ignorado como parte de la vida, lo que conlleva un empobrecimiento de ésta. Así, el miedo a morir nos impide vivir bien y la persona se instala una supervivencia amortiguada, suave, sin aristas.
Finalmente, a pesar de todo, el dolor tiene resortes para hacer su aparición, no desaparece, sino que se transforma y así “en nuestras sociedades paliativas, hostiles al dolor, se multiplican los dolores mudos” (ansiedades, agotamiento, neurosis…)
“Sólo las verdades duelen; toda verdad es dolorosa”. La sociedad paliativa es una sociedad sin verdad, un infierno de lo igual, no hay lugar para sorpresas, todo fluye fácil.
El dolor, en cambio, es un criterio de verdad, hay en él autenticidad. Solo una relación humana viva, una verdadera convivencia, es capaz de resentirse y verse afectada por el dolor. Es por ello por lo que hoy se tiende a evitar vínculos intensos, que podrían llegar a ser dolorosos.
El dolor es vínculo, diferencia y realidad. El “dolor como verdad transformadora”
- Poética del dolor: La anestesia general de una sociedad paliativa hace que desaparezca por completo la poética de dolor. El dolor como verdad que transforma se sirve de la poesía, esa “historia de amor con la verdad” [2]. “El dolor mueve al espíritu a construir un mundo salvífico, (en forma de diálogo con la vida, en un bello lenguaje de esperanza), opuesto al mundo existente”
- Dialéctica del dolor: “el dolor hace que el pensamiento sea más profundo […] es lo único que transforma la inteligencia en espíritu”; obliga a una reflexión del amor y de la trascendencia, propicia el diálogo entre lo que podemos comprender y nuestra parte más espiritual.
- Ontología, del dolor: El dolor como parte esencial del ser, de la existencia humana, nos viene dado. El sufrimiento es una certeza ineludible en la vida: “El dolor nos remite incluso a la concepción del ser. El dolor es don”.
- Ética del dolor: Esta es una de las principales razones de la existencia del dolor: “Sin sentir dolor por el otro no tenemos forma de acceder al dolor del otro”. Ser capaz de entender mejor al otro que sufre. “El rostro sufriente del otro me invoca éticamente” [3].
El espíritu y el dolor:” Sólo gracias al dolor el espíritu alcanza un nuevo conocimiento, una forma superior de saber y de conciencia”. El dolor causa un cambio radical de perspectiva, que pone todo bajo una nueva luz. A diferencia del placer el dolor pone en marcha procesos reflexivos: un cambio (una recolocación) de los valores. De tal modo que “sin dolor no hay posibilidad de cambio, ni partida hacia lo nuevo, y por tanto tampoco habrá historia”.
El dolor es una de esas claves con las que no solo se descifra lo más íntimo, sino también el mundo. Experimentar el dolor para comprender la vida, “Cuéntame que es para ti el dolor y te diré quién eres”.
Concluye el autor: “La vida indolora, en una felicidad permanente, habrá dejado de ser una vida humana. La vida que ahuyenta y proscribe su negatividad se suprime a sí misma. Muerte y dolor van juntos. En el dolor se anticipa la muerte. Quien pretenda erradicar todo dolor tendrá que eliminar también la muerte. Pero una vida sin muerte ni dolor ya no es una vida humana, sino una vida de muertos vivientes. El hombre reniega de sí mismo para sobrevivir. Posiblemente llegue a alcanzar la inmortalidad, pero habrá pagado el precio de la vida”.
El dolor y el SENTIDO
¿Tiene para ti sentido?
¿Cuál es pata ti el sentido del dolor?
¿Comprendes mejor el dolor ajeno?
El dolor y el CONOCIMIENTO
¿Te ha aportado reflexión?
¿Puedes especificar sobre qué has reflexionado que no lo hubieras hecho antes?
¿Te ha aportado una nueva visión de ti y de tu mundo? ¿y del mundo?
El dolor y el CAMBIO ” DE” VIDA” o CAMBIO “EN” LA VIDA:
A raíz de la muerte del hijo/a, ¿has hecho algo nuevo, en esencia bueno, y/o de lo que sientes satisfacción?
¿Actualmente tu propia muerte está más incorporada en tu vida? O… ¿mejor no pensar en ella?
[1] Sociedad Disciplinaria: Sociedades con claros principios y figuras de autoridad, con dinámicas clásicas de premio/castigo según el cumplimiento de las normas establecidas.
[2] Margarit J. Joana. Editorial Universidad de Alcalá. 2002
[3] Fuster I. Perspectiva antropológica del sufrimiento. Universitat Ramon Llull. ESPIRITU LIII (2004) 263-277
